Hoy voy a compartir con vosotros un cuento sencillito que me inventé anoche mientras trataba de dormir a mis hijos. A mi hija de 3 años le gustó mucho. Espero que a vosotros también os guste.

img_20170121_183155

“EL VIENTO DE LA MONTAÑA”

Entre montañas existía un pueblo que había ido creciendo con el tiempo. Cada vez vivía en él más gente, se abrían más tiendas, fábricas, habían más coches,…En este lugar se había olvidado la vida sencilla. La gente tenía que hablar a gritos porque no se oían del ruido que había.

Un día comenzó a soplar el viento. “Shhhhhh, shhhhhhhhh” Sonaba el viento. Pero la gente seguía con sus vidas ignorándolo.

Pasaban los días y el viento seguía soplando, cada vez con más fuerza. “SSSHHHhhhhhhh, SSHHHHhhhhhh,….”. Y la gente seguía con sus cosas a pesar de él.

Llegaron las fiestas del pueblo. La gente salía a la calle. Músicos tocando, gente tirando petardos y niños gritando por todo el lugar.

Ese día se levantó un viento tal que la gente ya casi no podía ni mantenerse en pie. Los carteles de las fiestas salieron volando, los toldos de las tiendas se rompían, las ropas tendidas se volaban,…

Sonó un sirena de alerta y todos corrieron a resguardarse en el ayuntamiento.

Una vez allí reunidos, el alcalde trató de calmar a la población. Todo el mundo se preguntaba como podía ser que hiciese tanto viento. Nunca habían vivido en ese lugar tantos días de viento, ni un viento tan fuerte. A nadie se le ocurría la razón, ni si quiera a los científicos que vivían en el pueblo.

De pronto, una niña se puso en pie en su silla y dijo: “yo creo que se lo que está pasando”

Todos se quedaron con cara de asombro. Nadie creía que una niña tan pequeña pudiese saber que era lo que estaba ocurriendo. Pero el padre de la niña se levantó y dijo: “Por favor, escuchad a mi hija. Se que es pequeña pero no por eso ha de ser una tontería lo que diga”. Todo el mundo se quedó en silencio , dispuestos a oír lo que la pequeña quería decir.

“Creo que el viento está intentando que nos callemos. El viento suena igual que el ruido que hace mi maestra en el colegio cuando quiere que estemos en silencio.”

Todos se quedaron sin saber que decir. Algunos se reían, y muchos pensaron que era una tontería pero de pronto el alcalde dijo: “Bueno, no se si tiene mucho sentido pero la verdad es que no perdemos nada por intentarlo. Si nadie tiene una idea mejor, a partir de hoy todos trataremos de ser más silenciosos.”

Y así lo hicieron. Los coches ya no pitaban, las fábricas hacían menos ruido, la gente dejó de tirar petardos y lo más importante, ya no se gritaban unos a otros.

Pronto el viento comenzó a amainar. Cada vez más suave hasta que por fin solvió a ser la brisa suave que siempre había soplado en aquel lugar. En ese momento los habitantes del pueblo comenzaron a escuchar un extraño sonido. Todos se preguntaban de donde procedía. Hasta que un anciano averiguó de donde venía ese ruido. “¡Es el río! Es el ruido que hace el agua del río”. Todos se dieron cuenta de que ese anciano tenía razón. Ese sonido tan bonito era el río, y también los animales del bosque, los pájaros, las hojas de los árboles, … era el sonido de la naturaleza. La gente del pueblo se emocionó al escuchar todos esos bellos sonidos. Hacía más de 30 años que nadie en ese lugar escuchaba algo tan bello como el cantar de un pájaro.

Desde ese día todos vivieron en armonía en el pueblo, disfrutando de los sonidos de la montaña, y jamás volvieron a necesitar hablar a gritos.

Texto e ilustración de Paloma Alonso

@lapeceradetela

Advertisements